Publicado el 18 de febrero de 2012
La gente se reunía las veinticuatro horas del día por toda la ciudad en grupos de tres o cuatro tomando decisiones juntos. La ciudad se transformó en la primera ciudad libre; el primer bastión de libertad en un mundo de tiranía. Se ejercía verdadera democracia, no donde las elecciones son circos, la gente vota por uno u otro guardián del viejo orden y gane quien gane, los ricos siguen manejando el país.Sólo vivió unos meses pero fue el primer cuerpo legislativo de la historia que representó a los pobres. Sus leyes eran para ellos, suprimió las deudas, postergó el pago de alquileres, obligó a las casas de empeño a devolver las prendas más necesitadas. Sus representantes se negaron a recibir salarios más altos que los de un obrero y sus puestos eran fácilmente revocables. Redujo las horas laborales y planeaba permitir a todos entrar gratis al teatro. Crearon una comisión para la educación de las mujeres, algo inédito. Se sirvieron de los últimos adelantos científicos, lanzando panfletos para los campesinos con un mensaje sencillo y poderoso: “Tenemos los mismos intereses”. Declaró que la finalidad de todas las escuelas era enseñar a cada niño a amar y respetar a todos sus semejantes, fauna y flora incluidas. Educaron no sólo con palabras, sino con actos. Hombres y mujeres, emocionados, observaron con alegría, las calles estaban siempre llenas, por todas partes se debatía, la gente compartía sus cosas y parecían sonreír más. Reinaba la cordialidad. Las calles eran seguras, sin necesidad de ningún tipo de policías. El logró más glorioso de nuestra época.Howard Zinn, Marx en el SohoEra 1871 en Francia pero bien podría ser uno de estos días, uno de estos meses, en todo el mundo.